sábado, 12 de septiembre de 2009

¿Hola? ¿Hay alguién ahí? Eoooo!!!


Cada uno de nosotros mira el mundo desde su propia ventana. Así, de esta forma, sea como sea el mundo nunca lo veremos igual. Y quien dice el mundo dice cualquier cosa, cualquier opinión… Nuestras propias ventanas son grandes o pequeñas, según la necesidad de cada uno.

Algunas veces nos encerramos en nosotros -dentro de nosotros- y no queremos ni asomarnos a la ventana. Entonces la ventana poco a poco se va desdibujando, empequeñeciendo, oscureciendo y acaba dándonos una imagen del mundo que nada tiene que ver con la realidad. Lo vemos gris oscuro, casi negro e incluso borroso también. Nada nos vale porque nos sentimos alejados de “esa” realidad.

El cerrarnos en nosotros mismos nos aleja de la realidad y nos impide también volver a ella, porque acabamos viéndola distorsionada y si no nos gustaba al principio, menos nos gusta después.
Ahí esperamos que “el mundo” cambie, que nos entienda, que nos comprenda, que nos ayude, que nos acompañe…(el mundo son los demás). Pero seguimos en nuestra burbuja encerrados, por miedo a salir y descubrir que… los demás, están dentro de su propia burbuja también.

Ayer me decía una amiga, que había descubierto que algunas personas a las que consideraba amigas, solo la escuchaban !porque sí¡. Todo es igual de complicado y difícil, escuchar y ser escuchado. Algunas veces ni siguiera escuchamos a los que tenemos más cerca, y suele ser por miedo a qué me dirá… Entonces, simplemente, miramos hacia otro lado y mientras el otro habla desconectamos… Igual con este gesto nos perdemos algo bueno o una forma de mejorar la relación simplemente.

Hablar es muy fácil, escuchar no lo es tanto, pero que de verdad te
importe lo que “el otro” diga… eso ya es otro cantar
.
Hay muchas formas de llegar a los demás y la mejor es “dar” primero, sobre todo sin esperar nada a cambio. Y olvidarnos de todo lo demás, generalmente si das… recibes mucho más.
Dicen que el amor es lo único que se multiplica cuando se reparte… ¿Será verdad?…

¿A dónde van las palabras que se dicen y nadie las escucha…? Se convierten en una canción, en una poesía, en un cuadro abstracto que al mirarlo te haga sentir todas esas palabras no dichas… o tal vez en un trozo de papel arrugado en una papelera.
(Eso para los que todavía escribimos a mano alguna vez…)