“NO FROST”
La nevera ha dicho: !Basta¡ !No puedo más!
Se ha suicidado, está muerta.
Primero ha dejado que su motor se incendiara, ha quedado negro como el tizón, después, después el fin, el silencio la oscuridad, la negrura.
Me siento un poco como ella, muerta. Tengo la sensación de que, también, necesito decir: ¡Basta!
Estoy quemada, muy quemada, pero que muy, muy quemada. La diferencia entre ella y yo es que a ella, si te fijas bien, se le ve el motor “tooo” negro y a mí como mucho, cara de cansancio y de hastío, poco más.
He llamado para que venga un técnico y me diga "algo" sobre la nevera. No me atrevo a tirarla sin estar segura, de que no tiene solución. Porque siempre hay una solución para todo, o para a casi todo, ¿verdad?
Es como “lo nuestro” algunas veces le veo solución y en cambio otras, lo veo tan, tan negro como el motor de la nevera. Siento que ni me escuchas, lo mío es un hablar por hablar o intentarlo y ni tan si siquiera me prestas atención. Me pones cara de asco o de cansancio, no sé que es peor, no te comprendo. Me pregunto si eres tú, o soy yo, o somos los dos, que simplemente, nos hemos cansado de estar juntos. Intento hablarte pero acabo gritándote, la desesperación me puede, te observo, intento llegar a ti pero no estás. Nunca estás aunque estés a mi lado, en la cama, en cualquier lugar de la casa, simplemente no estás. Me siento mal, tu ausencia me duele tanto que prefiero callarme. Me quedo en silencio no puedo decirte lo que siento, lo que realmente siento. Decido decírmelo a mí misma, me trago mi propio diálogo literalmente, me lo como y no creo que eso sea muy bueno. Pienso que me puedo morir ahogada en mis propias palabras, si siempre se quedan dentro de mi, sin digerirse, sin ir a ningún sitio, sin ser escuchadas.
Muerta en vida, igual que mi pobre nevera muerta. Aunque ella se haya suicidado ha sido su elección, una valiente elección, una forma de morir en este caso rápida. Una puede morir poco a poco o de golpe. Todo en la vida son elecciones. También puede una decidir morirse, sin morirse y vivir sin vivir, aunque ya estés muerto. No sintiendo nada que es lo mismo que estar muerta.
Ha venido el técnico, un hombre, suelen ser hombres los técnicos de electrodomésticos. !Y no estaba mal el hombre¡. Primero me ha mirado a mí, después a la nevera y el interés que ha mostrado, en ambas, ha sido proporcional al tiempo que ha durado la mirada a cada una de nosotras. Ha abierto la nevera y la ha revisado sólo visualmente, al hacerlo la nevera ha encendido su luz central, que inesperadamente ha comenzado a parpadear. El técnico necesitaba ver el motor y para ello tenía que acceder a la nevera por un lateral. En cuestión de un segundo y no sé cómo, me he visto empotrada entre, el técnico y la nevera. A mí, tengo que reconocerlo, se me han encendido hasta las luces de navidad, mi cara la del técnico estaban a escasos centímetros.Después de un tira y afloja suave y discreto, he conseguido des-incrustarme de la pared y del técnico. Eso sí, con la cara roja como un tomate y ligeramente sofocada.
He balbuceado: —¿Se salvará?
El técnico me ha mirado sonriendo, percatandose de mi rubor y me ha respondido con picardía, al tiempo que movía la cabeza de derecha a izquierda: —Me temo que no.
En ese momento he comprendido que no soy el hada madrina que creía ser, y que lo quiera o no, no puedo solucionarlo todo. Tampoco se claramente si pensaba en mí o en mi nevera.
Que fácil es quitarse de en medio cuando son los demás los que tienen que ocuparse de lo que queda, habló en general, así no se arreglan las cosas, ¡guapa! (Esto si que se lo digo a mi nevera). Eso es tirar la toalla y rendirse, no pensar en los demás, en mí. Yo, que te he cuidado y mimado, desde el día que viniste a mi casa. También les cuidé a ellos…
Cómo me gustaría poder realmente hablar contigo y saber lo que piensas, qué es lo que realmente ha hecho que te rindas, de verdad. ¿O soy yo la que se está rindiendo? ¿Qué hay dentro de tu cabeza? ¿Y dentro de tu corazón?
Ya se que llevas mucho, mucho tiempo avisando, diciéndolo, de una u otra forma...no te hemos escuchado! No me has escuchado. ¿Qué más puedo decirte? Te estoy pidiendo auxilio, es que no te das cuenta? !Es que no te hemos escuchado!
Imagino que la gota que colmó el vaso fue cuando empezaste a "congelarlo todo", cuando ya no sentías, nada. Sí, todo, incluso los huevos, !congelabas los huevos¡
¡No me toques los huevos!
¡Pero qué pesada eres!
!Siempre estás con lo mismo¡
!No quiero discutir, otra vez¡
¡Déjame en paz!
Después el portazo, después el silencio, después mi angustia. Mi atasco en la garganta de gritos, de dolor, de impotencia. Algunas veces, era yo la que daba el portazo y me iba a caminar, paseo abajo, paseo arriba, con el móvil en la mano esperando tu llamada que nunca ocurría.
Imagino que sus “huevos” , los dos, estarían calientes o recalentados, sus huevos calientes y su cabeza fría. Mientras su corazón se escondía detrás de los pulmones, allí, agazapado. Luchando entre vivir o morir, intentando no hacer ruido mientras busca con angustia el próximo latido. Su corazón cobarde incapaz de sentir, ni de escuchar, ni derramar una sola lagrima. También estaba muerto.
Si siempre estoy con lo mismo es porque, diga lo que diga. !No me escuchas! Y nada cambia, todo sigue igual, yo sigo con lo mismo: reclamándote y tú también con lo mismo: ignorándome. Hasta que algo cambie por sí solo, si no lo haces tú, lo haré yo, o quizás lo haga el destino, hasta que alguno de los dos se canse de verdad, dé el portazo y no vuelva mas.
Yo puedo darle la vuelta a todo, bueno eso pensaba, ahora ya empiezo a dudar de mis facultades. Será que lo único que de verdad puedo controlar, es lo que yo haga o diga, el resto ahí se queda. Cuando digo controlar me refiero a que no me afecte, a que no me duela, a que no me haga daño, simplemente a eso.
¡Cómo te han tenido que doler esos "huevos congelados", que no duros. Esas lechugas acuosas e incluso esa puerta llena de cicatrices, con la goma podrida, por la que se escapaba algo más que el frío, tu vida misma.
Yo se que el límite lo puso un pollo, Dios lo tenga en su gloria y a mi pobre pié, también. El pollo, cayó como una exhalación en mi pié y mira que lo había dicho veces: esta nevera no funciona, congela demasiado, la puerta no cierra. E incluso así, seguías congelandolo todo. Hasta que el pollo se manifestó y quedó claro, por fin, que había llegado el momento de reemplazarte.
"No frost", me dijo él, mejor que sea "No frost". Ël, sabía mucho de neveras en general de todo...
Como todo lo que ocurría en nuestras vidas, se fue alargando y alargando a pesar de tus quejas y las mías, las mías más frecuentes, las tuyas iban acompasadas con los cambios de estación. Tus quejas y las mías se fundían en una sola queja, que se paseaba por toda la casa para terminar en la cocina. Mientras yo intentaba, vanamente, acabar con un pollo que estaba tan muerto como yo. Pobrecito: ya ni siente ni padece, pensaba para mis adentros, ahora ya no sé si hablo del pollo, de ti o de mí.
Me daba pena cambiarte por otra después de tanto tiempo juntas, me resistía. Me apenaba dejarte ir, después de tantos años juntos, todos, en la pequeña pero acogedora cocina. Mi vida siguió anodina, en unas cosas y extremadamente convulsa en otras. Lo mismo quería morirme igual que tú, que me sentía la mujer más feliz de este mundo. Así, un día detrás de otro y otro y otro…
Él acabó marchándose, menos mal, porque yo hubiera sido incapaz de echarlo. Ha tardado casi nueve meses en irse, cuando realmente sólo le hubieran bastado cinco minutos. Mientras tanto iba y venía, entraba y salía de nuestra casa, de nuestra cocina, de mí. Frío y distante la mayoría del tiempo y cariñoso al buscarme, un poco igual que tú, que según soplara el viento así actuabas; fuera primavera o invierno, hiciera frío o calor, !fría y distante, siempre! ¿O era yo?
Cuando no estaba le añoraba y al escuchar su llave en la cerradura, suspiraba y temblaba de angustia. Sólo sentía dolor y anhelo, el mismo dolor y anhelo las veinticuatro horas del día.
Mi corazón también estaba muerto, llegó un momento que ya ni sentía. Si acaso dolor en las manos, al coger aquellas lechugas congeladas, que se me pegaban a los dedos, igual que cuando intentaba echar, la leche en un vaso y no caía ni una gota, porque estaba todo congelado. !Todo estaba muerto¡ !Cuánto te debía pesar aquella puerta! !Cuánto me pesaban a mi sus silencios!
Bien, bien, acepto “motor quemado”, como animal de compañía. Está bien, acepto tu decisión de irte. A pesar de todo, a pesar de que siempre te cuidé y te amé con toda mi alma, acepto haberme equivocado contigo. ¿Y si nos equivocamos los dos? Quizás no supimos avanzar, juntos y en la misma dirección y la vida nos fue separando. Nos fue haciendo diferentes a como éramos cuando nos conocimos.
No soy el hada que todo lo cura lo tengo claro, mi varita mágica se rompió la primera vez que me mentiste, ahí me comí yo también, ahí se rompió todo.
Debí comprender que estabas enferma. Debiste comprender que estaba cansada, que ya no podía más que, ya no podías más. Porque cada vez que te abría la puerta, se me volvía a congelar el corazón.
“No Frost”, le hice caso. Te hice caso.
Sé la acaban de llevar, he escuchado la puerta al cerrarse, otra vez un golpe seco. Creo que ya nada me duele, ella no volverá y será suplantada por “otra”. Igual que yo, nadie es imprescindible. La nueva es metalizada y preciosa, la cocina parece hasta mas grande. Ahora tiene armarios nuevos y nevera nueva. Y por supuesto es “No Frost”. Acabo de mirar en el “google” lo que significa:
La tecnología No Frost refrigera y distribuye el aire frío más rápidamente en el interior gracias a las múltiples salidas de aire, permite controlar el grado de humedad, y evitar que se acumule la escarcha sobre las paredes o sobre los alimentos. Y lo mejor de todo es que no requiere la descongelación periódica de ningún compartimento.
¿Que no requiere la des-congelación periódica dice…
Será que no necesita cuidados, será que se basta y se sobra consigo misma, será que ha aprendido? !Igual que yo¡ !Será que se ha espabilado y sabe cuidarse solita¡
Acabo de decidir, que no voy a cogerte cariño, lo siento, pero no. Ya me pasó una vez y no quiero repetirlo, he sufrido mucho al despedirme, el duelo, la pérdida, no. !
!Yo, no me vuelvo a enamorar¡
Abro la puerta y ella me deslumbra brillante, por dentro tiene hasta un botellero en la parte de abajo, cajones de plástico cerrados para las verduras y los embutidos !qué maravilla!.
De pronto y sin venir a cuento, empieza a parpadear la luz principal, se enciende y se apaga, independientemente de cómo esté la puerta, parece que me guiñe un ojo o intenta decirme algo, ¿será morse?. Me quedo para mirándola, intentando descifrar que quiere decirme, igual está contenta de estar en ésta casa. Cierro la puerta y vuelva a abrir varias veces seguidas y sigue parpadeando sin parar. Empiezo a cabrearme.
!!Será hija puta la nevera!!
Si no se arregla, tendré que llamar al técnico…
Filo Quiñones / Verano 2015