jueves, 1 de octubre de 2015

HE VISTO LA LUZ...




EL PROYECTO

A veces, en un instante, en un sólo instante se concentra todo. Y ves la luz. Esa luz que te acompaña a lo largo del camino de la vida. A la cual perseguimos, que aparece y desaparece, que puede ir delante  de ti guiándote o esconderse detrás, como si quisiera jugar al escondite. Todos la buscamos casi sin darnos cuenta, como sin querer, sin pretenderlo, disimulando. Algunas otras veces se nos acerca despacio, muy despacio y tímidamente nos toca. Vivimos entonces, un pequeño milagro; tanto nos deslumbra que la mayoría de las veces no nos damos ni cuenta de qué es lo que ha ocurrido,    que cuando queremos reaccionar… se ha apagado de nuevo. 

Cuando venimos (nacemos), es porque estamos convencidos, muy convencidos y decididos qué venimos hacer.  Después  se nos olvida, o se nos borra de la mente  "EL PROYECTO ELEGIDO", creo yo que es para no arrepentirnos a mitad de camino o para que nos sea mas fácil llevarlo a cabo. 

Siempre he  pensando que había venido para "UN PROYECTO CONCRETO " y permitirme que no lo cuente y me lo guarde para mi.  A estas alturas ando ya un poco cansada del recado, proyecto, meta, función, misión, etc… llamarlo como queráis.  Y no quiero que los Dioses del Universo, ni los Dioses de la Tierra, ni las energías buenas o malas que haberlas… ailas… No quiero, repito,  que bajo ningún concepto, piensen, ni piense nadie que estoy tirando la toalla. NO!! Lo que ocurre es que tengo la sensación de haberme "estancado" y llevar demasiados años o lustros, diría yo, en el mismo punto del camino. 

Pensando en ello… ha sido cuando "he visto la luz", si, si, así de fácil!!

Resulta que ese exagerado y prolongado esfuerzo para conseguir llevar a término "MI PROYECTO ELEGIDO", ha conseguido agotarme, de tal manera y forma que siento que, no puedo mas.  Realmente no es motivo suficiente para no seguir y terminarlo, tengo que reconocerlo. Lo que ha sucedido es que a pesar de mi insistencia, perseverancia y constancia, no siempre he logrado llegar a la meta propuesta. O bien me he quedado en el casi…  o he llegado y el resultado no ha sido el que tenía en mente.  A todo esto, resulta que en la realización del "PROYECTO", además de mi misma, conmigo misma intervienen infinidad de personas, familia, amigos, conocidos, no tan conocidos, etc… Lo cual lo complica todo muchísimo mas. 

En esas estaba yo hace un rato, en preguntarme si tiro para arriba o para abajo, si cruzo o no cruzo, si me levanto y me pongo las pilas o… paso de todo y espero… a ver… si algo cambia.   Cuando, ha pasado lo de la luz… Tengo que reconocer que realmente estaba, un poco...solo un poco,  pero estaba en la posición de: paso de todo. Uff!!

Que responsabilidad, cómo voy a pasar de todo, si mi compromiso va precisamente por ahí… y ya, que no quiero dar detalles. Algunas veces tenemos que vernos en una encrucijada para darnos cuenta de que estamos en el camino equivocado. Y reaccionar, dar la vuelta, cambiar el rumbo, sin paz y sin gloria… ¿o era, sin pena ni gloria? Simplemente porque conseguimos ver que ese camino no nos lleva a ningún lugar, a ningún sitio, a ninguna parte, a ninguna meta.  

Lo último que tenemos que hacer es "sentirnos culpables", mas que nada porque TODO, lo que nos pasa y lo que no nos pasa a lo largo de la vida, no depende solamente de nosotros, depende de TODOS y de TODAS las circunstancias que nos rodean y se relacionan con nosotros. Entonces, ¿porqué nos sentimos culpables de tantas y tantas cosas y tantas y tantas veces?  Ala!! la culpa a la basura o como mucho a compartirla, que las cosas cuando se comparten… pesan menos. 

Y volviendo a la luz… en esa encrucijada estaba yo, cuando me ha venido a la mente, que tal vez… sólo tal vez…  creo que estoy en lo cierto. Yo no he venido para lo que pensaba que había venido…zasca!!!  Os preguntaréis: ¿cómo has llegado a tan lúcida conclusión? Pues porque siempre iba, o voy a parar al mismo sitio, camino, a la misma encrucijada, a la misma pared… que me detiene y me hace girar de nuevo, para volver a empezar. 
Resulta que en esa encrucijada encuentro, siempre también, LO MISMO.  Cuidado,  que esto es lo mas importante!! Cambian las personas, cambian los lugares, cambia el tiempo, cambio yo misma… pero lo que hay al final de "ese camino", siempre me hace sentir LO MISMO.  

Por eso he llegado (gracias a la luz), a la conclusión de que, había gato encerrado.  Me explico, a mi me encargan un PROYECTO CONCRETO, y yo… mas chula que un ocho, digo que sí, que claro, que cómo no voy a ser capaz de hacerlo, si soy una experta, si en todas mis vidas anteriores, no hice otra cosa. Pero la trampa está en que el PROYECTO CONCRETO, no es el PROYECTO REAL, sino la forma (que listos) de llegar al VERDADERO PROYECTO. Que uno, ni lo sabe ni tiene pajolera idea, de ahí, las luchas y vicisitudes con uno mismo y con todo lo demás, del porqué si y porqué no, porqué siempre voy a parar al mismo sitio, porqué siempre me pasan las mismas cosas. 

En fin, que yo he descubierto MI VERDADERO PROYECTO, el mío claro… porque cada uno es cada uno y cada cual es cada cual, y tiene que descubrir su VERDADERO PROYECTO. Así que a poneros las pilas alcalinas y a ver si se hace la luz…  


¿Qué pasa? ¿Queréis que os cuente MI VERDADERO PROYECTO?  Paso, paso… ahora no puedo, estoy en MI. Dejando la vida fluir...

jueves, 23 de julio de 2015






“NO FROST”


La nevera ha dicho: !Basta¡ !No puedo más!  
Se ha suicidado, está muerta.

Primero ha dejado que su motor se incendiara, ha quedado negro como el tizón, después, después el fin, el silencio la oscuridad, la negrura.


Me siento un poco como ella, muerta. Tengo la sensación de que, también, necesito decir: ¡Basta!


Estoy quemada, muy quemada, pero que muy, muy quemada. La diferencia entre ella y yo es que a ella, si te fijas bien, se le ve el motor “tooo” negro y a mí como mucho, cara de cansancio y de hastío, poco más.


He llamado para que venga un técnico y me diga "algo" sobre la nevera. No me atrevo a tirarla sin estar segura, de que no tiene solución.  Porque siempre hay una solución para todo, o para a casi todo, ¿verdad?


Es como “lo nuestro” algunas veces le veo solución y en cambio otras, lo veo tan, tan negro como el motor de la nevera. Siento que ni me escuchas, lo mío es un hablar por hablar o intentarlo y ni tan si siquiera me prestas atención. Me pones cara de asco o de cansancio, no sé que es peor, no  te comprendo. Me pregunto si eres tú, o soy yo, o somos los dos, que simplemente, nos hemos cansado de estar juntos. Intento hablarte pero acabo gritándote, la desesperación me puede, te observo, intento llegar a ti pero no estás. Nunca estás aunque estés a mi lado, en la cama, en cualquier lugar de la casa, simplemente no estás. Me siento mal, tu ausencia me duele tanto que prefiero callarme. Me quedo en silencio no puedo decirte lo que siento, lo que realmente siento. Decido decírmelo a mí misma, me trago mi propio diálogo literalmente, me lo como y no creo que eso sea muy bueno. Pienso que me puedo morir ahogada en mis propias palabras, si siempre se quedan dentro de mi, sin digerirse, sin ir a ningún sitio, sin ser escuchadas.


Muerta en vida, igual que mi pobre nevera muerta.  Aunque ella se haya suicidado ha sido su elección, una valiente elección, una forma de morir en este caso rápida. Una puede morir poco a poco o de golpe. Todo en la vida son elecciones. También puede una decidir morirse, sin morirse y vivir sin vivir, aunque ya estés muerto. No sintiendo nada que es lo mismo que estar muerta.


Ha venido el técnico, un hombre, suelen ser hombres los técnicos de electrodomésticos.  !Y no estaba mal el hombre¡. Primero me ha mirado a mí,  después a la nevera y el interés que ha mostrado, en ambas, ha sido proporcional al tiempo que ha durado la mirada a cada una de nosotras. Ha abierto la nevera y la ha revisado sólo visualmente, al hacerlo la nevera ha encendido su luz central, que inesperadamente ha comenzado a parpadear. El técnico necesitaba ver el motor y para ello tenía que acceder a la nevera por un lateral. En cuestión de un segundo y no sé cómo, me he visto empotrada entre, el técnico y la nevera. A mí, tengo que reconocerlo, se me han encendido hasta las luces de navidad, mi cara la del técnico estaban a escasos centímetros.Después de un tira y afloja suave y discreto, he conseguido des-incrustarme de la pared y del técnico. Eso sí, con la cara roja como un tomate y ligeramente sofocada.
He balbuceado: —¿Se salvará?


El técnico me ha mirado sonriendo, percatandose de mi rubor y me ha respondido con picardía, al tiempo que movía la cabeza de derecha a izquierda: —Me temo que no.


En ese momento he comprendido que no soy el hada madrina que creía ser, y que lo quiera o no, no puedo solucionarlo todo. Tampoco se claramente si pensaba en mí o en mi nevera.


Que fácil es quitarse de en medio cuando son los demás los que tienen que ocuparse de lo que queda,  habló en general, así no se arreglan las cosas, ¡guapa!  (Esto si que se lo digo a mi nevera). Eso es tirar la toalla y rendirse, no pensar en los demás, en mí. Yo, que te he cuidado y mimado, desde el día que viniste a mi casa. También les cuidé a ellos…


Cómo me gustaría poder realmente hablar contigo y saber lo que piensas, qué es lo que realmente ha hecho que te rindas, de verdad. ¿O soy yo la que se está rindiendo? ¿Qué hay dentro de tu cabeza? ¿Y dentro de tu corazón?


Ya se que llevas mucho, mucho tiempo avisando, diciéndolo, de una u otra forma...no te hemos escuchado! No me has escuchado. ¿Qué más puedo decirte? Te estoy pidiendo auxilio, es que no te das cuenta? !Es que no te hemos escuchado!


Imagino que  la gota que colmó el vaso fue cuando empezaste a "congelarlo todo", cuando ya no sentías, nada. Sí, todo, incluso los huevos, !congelabas los huevos¡


¡No me toques los huevos! 
¡Pero qué pesada eres!
!Siempre estás con lo mismo¡
!No quiero discutir, otra vez¡
¡Déjame en paz!

Después el portazo, después el silencio, después mi angustia. Mi atasco en la garganta de gritos, de dolor, de impotencia. Algunas veces, era yo la que daba el portazo y me iba a caminar, paseo abajo, paseo arriba, con el móvil en la mano esperando tu llamada que nunca ocurría.


Imagino que sus “huevos” , los dos, estarían calientes o recalentados, sus huevos calientes y su cabeza fría. Mientras su corazón se escondía detrás de los pulmones, allí, agazapado. Luchando entre vivir o morir, intentando no hacer ruido mientras busca con angustia el próximo latido. Su corazón cobarde incapaz de sentir, ni de escuchar, ni derramar una sola lagrima. También estaba muerto.
Si siempre estoy con lo mismo es porque, diga lo que diga. !No me escuchas! Y nada cambia, todo sigue igual, yo sigo con lo mismo: reclamándote y tú  también con lo mismo: ignorándome. Hasta que algo cambie por sí solo,  si no lo haces tú, lo haré yo, o quizás lo haga el destino, hasta que alguno de los dos se canse de verdad, dé el portazo y no vuelva mas.


Yo puedo darle la vuelta a todo, bueno eso pensaba, ahora ya empiezo a dudar de mis facultades. Será que lo único que de verdad puedo controlar, es lo que yo haga o diga, el resto ahí se queda. Cuando digo controlar me refiero a que no me afecte, a que no me duela, a que no me haga daño, simplemente a eso.


¡Cómo te han tenido que doler esos "huevos congelados", que no duros.  Esas lechugas acuosas e incluso esa puerta llena de cicatrices, con la goma podrida, por la que se escapaba algo más que el frío, tu vida misma.


Yo se que el límite lo puso un pollo, Dios lo tenga en su gloria y a mi pobre pié, también. El pollo, cayó como una exhalación en mi pié y mira que lo había dicho veces: esta nevera no funciona, congela demasiado, la puerta no cierra. E incluso así, seguías congelandolo todo. Hasta que el pollo se manifestó y quedó claro, por fin, que había llegado el momento de reemplazarte. 

"No frost", me dijo él, mejor que sea "No frost".  Ël, sabía mucho de neveras en general de todo...


Como todo lo que ocurría en nuestras vidas, se fue alargando y alargando a pesar de tus quejas y las mías, las mías más frecuentes, las tuyas iban acompasadas con los cambios de estación. Tus quejas y las mías se fundían en una sola queja, que se paseaba por toda la casa para terminar en la cocina. Mientras yo intentaba, vanamente, acabar con un pollo que estaba tan muerto como yo. Pobrecito: ya ni siente ni padece, pensaba para mis adentros, ahora ya no sé si hablo del pollo, de ti o de mí.


Me daba pena cambiarte por otra después de tanto tiempo juntas, me resistía. Me apenaba dejarte ir, después de tantos años juntos, todos, en la pequeña pero acogedora cocina. Mi vida siguió anodina, en unas cosas y extremadamente convulsa en otras. Lo mismo quería morirme igual que tú, que me sentía la mujer más feliz de este mundo. Así, un día detrás de otro y otro y otro…


Él acabó marchándose, menos mal, porque yo hubiera sido incapaz de echarlo. Ha tardado casi nueve meses en irse, cuando realmente sólo le hubieran bastado cinco minutos. Mientras tanto iba y venía, entraba y salía de nuestra casa, de nuestra cocina, de mí. Frío y distante la mayoría del tiempo y cariñoso al buscarme, un poco igual que tú, que según soplara el viento así actuabas; fuera primavera o invierno, hiciera frío o calor, !fría y distante, siempre! ¿O era yo?  

Cuando no estaba le añoraba y al  escuchar su llave en la cerradura, suspiraba y temblaba de angustia. Sólo sentía dolor y anhelo, el mismo dolor y anhelo las veinticuatro horas del día.  


Mi corazón también estaba muerto, llegó un momento que  ya ni sentía. Si acaso dolor en las manos, al coger aquellas lechugas congeladas, que se me pegaban a los dedos, igual que cuando intentaba echar, la leche en un vaso y no caía ni una gota, porque estaba todo congelado. !Todo estaba muerto¡ !Cuánto te debía pesar aquella puerta! !Cuánto me pesaban a mi sus silencios!

Bien, bien, acepto “motor quemado”, como animal de compañía. Está bien, acepto tu decisión de irte.  A pesar de todo, a pesar de que siempre te cuidé y te amé con toda mi alma, acepto haberme equivocado contigo. ¿Y si nos equivocamos los dos? Quizás no supimos avanzar, juntos y en la misma dirección y la vida nos fue separando. Nos fue haciendo diferentes a como éramos cuando nos conocimos.


No soy el hada que todo lo cura lo tengo claro, mi varita mágica se rompió la primera vez que me mentiste, ahí me comí yo también, ahí se rompió todo. 

Debí comprender que estabas enferma. Debiste comprender que estaba cansada, que ya no podía más que,  ya no podías más.  Porque cada vez que te abría la puerta, se me volvía a congelar el corazón.


“No Frost”, le hice caso. Te hice caso.


Sé la acaban de llevar, he escuchado la puerta al cerrarse, otra vez un golpe seco. Creo que ya nada me duele, ella no volverá y será suplantada por “otra”. Igual que yo, nadie es imprescindible. La nueva es metalizada y preciosa, la cocina parece hasta mas grande.  Ahora tiene armarios nuevos y nevera nueva. Y por supuesto es “No Frost”. Acabo de mirar en el “google” lo que significa:


La tecnología No Frost refrigera y distribuye el aire frío más rápidamente en el interior gracias a las múltiples salidas de aire, permite controlar el grado de humedad, y evitar que se acumule la escarcha sobre las paredes o sobre los alimentos. Y lo mejor de todo es que no requiere la descongelación periódica de ningún compartimento.

¿Que no requiere la des-congelación periódica dice…
Será que no necesita cuidados, será que se basta y se sobra consigo misma, será que ha aprendido? !Igual que yo¡ !Será que se ha espabilado y sabe cuidarse solita¡  

Acabo de decidir, que no voy a cogerte cariño, lo siento, pero no. Ya me pasó una vez y no quiero repetirlo, he sufrido mucho al despedirme, el duelo, la pérdida, no.  !

!Yo, no me vuelvo a enamorar¡


Abro la puerta y ella me deslumbra brillante, por dentro tiene hasta un botellero en la parte de abajo, cajones de plástico cerrados para las verduras y los embutidos !qué maravilla!.
De pronto y sin venir a cuento, empieza a parpadear la luz principal, se enciende y se apaga, independientemente de cómo esté la puerta, parece que me guiñe un ojo o intenta decirme algo, ¿será morse?. Me quedo para mirándola, intentando descifrar que quiere decirme, igual está contenta de estar en ésta casa. Cierro la puerta y vuelva a abrir varias veces seguidas y sigue parpadeando sin parar. Empiezo a cabrearme.

!!Será hija puta la nevera!!

Si no se arregla, tendré que llamar al técnico…



Filo Quiñones / Verano 2015

miércoles, 26 de febrero de 2014

Alguién y Nadie… de Xavier Jiménez

Este escrito no es mío, es de mi amigo Xavier Jiménez, lo pongo por lo profundo y frágil que es… (el escrito).


Alguien y Nadie

Yo soy ( Brahman) el alimento que consume, al consumidor del alimento.
Upanishad Taittiriya (Texto espiritual hindú)

Nadie observaba los pies que se alejaban de la tierra ocre del jardín. Llegado al punto más alto, intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba suspendido en el aire. Luego, alargaba su descenso encogiendo las piernas hasta el último momento del encuentro con el suelo.
Todo el universo cambiaba de perspectiva en cada salto. Un universo del que  él mismo, formaba parte por igual: Su piel rosada era como las pequeñas nubes. Su aliento como el aire que movía las hojas y la misma naturaleza de los árboles sustentaba su cuerpo.

Solía saltar desde lugares diferentes: pequeños árboles y muros, escaleras, bancos o cualquier otro lugar donde pudiera encaramarse.
Pero una tarde, aparentemente como las otras, una mujer se le acercó y le dijo:

__ ¡Que hermosos saltos! Parece como si pudieras imitar a los pájaros. Ningún otro joven que yo haya visto, podría saltar tan alto, ni  mantenerse tanto tiempo suspendido.__

Sopló un extraño viento. Por un momento, la luz del sol se oscureció.
Alguien, había nacido, y con un ligero temblor, todo su entorno percibió, la fina y profunda separación.

Los primeros  años se mantuvo vivo  con cierta facilidad. Con el triunfo, le fue fácil.  Pero su voracidad fue aumentando. Para seguir siendo, necesitaba,  cada vez más, ser el mejor.
Sin embargo, aquello que le había distinguido  de los demás, fue perdiendo valor y sustituido por la derrota y el fracaso.

La tristeza fue cubriéndole el  corazón y un vacío antiguo lo envolvió.
Intentó llenarse de otras cosas que parecen que llenan, pero cualquier placer de los sentidos, siempre le daba más sed.

Ni tan solo, el poder sobre los otros, un fuego que  nada deja sin consumir, pudo suplir la falta.
Probó con una causa. Pero como medio para llenarse, se transformó en una atadura de hierro que el  tiempo, como siempre, acabó corroyendo.

Alguien, desesperado por no encontrar nada con que sostenerse, con que sobrevivir, opto por buscar dentro el alimento.

Pero   éste, finalmente… lo consumió.

Nadie, observaba de nuevo, los pies que se alejaban de la ocre tierra del jardín. Llegado al punto más alto intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba suspendido en el aire. Luego, descendía encogiendo las piernas hasta el último momento del encuentro con el suelo.

Xavier Jiménez/Barcelona




miércoles, 5 de febrero de 2014

Siempre iba conmigo, a todas partes… pero llevábamos varias días un poco más separadas. Incomprensiblemente nos estábamos alejando, casi, casi sin darnos cuenta.
Aquél día se separó un poco más de mí, se quedó rezagada. Por eso no me di cuenta del momento en el que se cayó y quedó, literalmente, tendida en el suelo. Sinceramente, para que mentir, no me di cuenta de que ya no me seguía… Seguí caminando, llegué a mi casa, solté todos los trastos que llevaba encima y me fui directamente al lavabo. Una ducha, casi fría, era lo que más necesitaba en ese momento. Lo demás fue rápido, asalté la nevera y ¡me dejé caer en el sofá!

Amanecí entumecido, con una pierna encima de los cojines y la otra, como si no perteneciera a mi cuerpo, colgando y medio arrastrada por el suelo. Me dolía todo… Realicé la operación a la inversa, primero la nevera y después la ducha. Salí de mi casa con el tiempo justo, prácticamente como cada mañana. Extrañamente al salir y cerrar la puerta de un golpe seco, me dio la sensación de que me dejaba algo, de que me olvidaba algo y no conseguía recordar qué. Me toqué instintivamente el móvil y las llaves para asegurarme de que lo llevaba todo y cogí el ascensor. La luz estaba fundida. Tuve que entrar casi en penumbra, me extraño que funcionara pero ya estaba dentro, así que le día a la planta baja.
Estuve a punto de coger un taxi, pero alguien más rápido y despierto que yo, en aquél momento se me adelantó, tuve que hacer el camino andando. Deshacer, en definitiva, el camino que había hecho la noche anterior. No habían pasado más de dos calles cuando me pareció ver en el suelo una extraña mancha blanca, era realmente muy, muy blanca y me llamó la atención, precisamente por la forma que tenía. Me recordó a las marcas que hacen los policías cuando bordean con una tiza un cadáver en el suelo. La marca era igual pero curiosamente toda blanca, como si además de bordear el cadáver se hubieran dedicado a rellenarla pintándola de blanco. Había varias personas mirando, curiosos como yo que seguramente no tenían prisa. Quise marcharme, pero una extraña fuerza me detenía allí, mirando fijamente aquella extraña figura, parecía un hombre tendido boca a bajo con las manos extendidas hacia el frente, como si quisieran alcanzar algo. De pronto sonó el móvil y por el tono, supe que era mi jefe, definitivamente iba a llegar tarde… Pensé que debía parecer un estúpido, allí mirando una mancha en el suelo, tan estúpido como los pocos que hacían lo mismo que yo y además murmuraban entre ellos. Alguien detrás de mí se atrevió a decir: está clarísimo, es una sombra, es la sombra de un hombre y además por el tono del blanco, me temo que ya nada se puede hacer por él. ¡Está muerta! Un escalofrío me recorrió la espalda de pronto, las piernas empezaron a temblarme y la vista se me nubló, mi respiración se hizo cada vez mas entrecortada, me faltaba el aire… de pronto recordé… qué era lo que me faltaba…
FQ

Verda… verdadera…



La verdad y la mentira van juntas de la mano. Son como el jin y el jan, no son nada la una sin la otra.

Si nos ponemos a pensar, aunque mejor no pensarlo… es poco el tiempo que pasamos en esta vida. Pero mucha parte de ese tiempo no lo vivimos realmente, lo pasamos soñando despiertos, imaginando cómo creemos que somos o cómo nos gustaría que fuera nuestra vida,  nada mas. 
Porqué no la vivimos de verdad, porqué no nos dejamos de tonterías y nos dedicamos a ser "reales", a decir lo que de verdad pensamos a sentir lo que de verdad sentimos, sea bueno o malo y decimos la verdad, sin miedo. La verdad… nos hace libres y la mentira nos aprisiona, nos esconde, nos encadena. Pero hay mentiras disfrazadas de verdades y que están y estarán siempre dentro de nosotros y nunca se dignarán salir, por miedo por un miedo atroz a ser descubiertas… a veces ni siquiera a pensarlas nos atrevemos. 
Detrás de la mentira están el miedo y la inseguridad y curiosamente, para no ser descubiertos… tenemos que volver a mentir, escondiéndonos más aún, detrás de la primera mentira, hasta llegar al fondo, negro y oscuro. El fondo negro y oscuro no nos dejará ver la salida y cuando nos demos cuenta habrá pasado mucho tiempo y ya ni siquiera recordaremos, cual era nuestra "verdad"  verdades y cómo vivíamos con ella. Todo será irreal, entre lo que nos habremos inventando, primero para no enfrentarnos a la realidad, (primera mentira), después, para no ser descubiertos, (segunda mentira), a la que seguirán muchísimas más para convencernos a nosotros mismos de que hicimos "lo mejor", (otra mentira mas…) y así sucesivamente hasta que un día, a solas… nos preguntemos dónde empezó todo y estaremos y nos sentiremos tan lejos de nuestra primera verdad,  que seremos incapaces de reconocerla. 
Y para qué, para no reconocer, un error o simplemente por miedo a ser descubiertos y tener que dar "explicaciones", por no dar una simple explicación, como dice el refrán: "mas vale ponerse una vez rojo que cien colorao", acabamos mal, primero con los demás, porque al final… nadie nos cree… después de varias mentiras. 
Y perdemos credibilidad, incluso con nosotros mismos. Aunque podemos estar así años, e incluso morirnos y nada.. todo habrá sido, mentira… Eso sí, no nos habremos puesto colorados ni una sola vez!!

viernes, 21 de junio de 2013




Un jueves distinto…


Paco y Ana había salido aquél jueves, como tantos otros en los que él tenía fiesta.
Normalmente se dedicaban a compra y pasear por la mañana, por la tarde se quedaban en casa, mirando la tele, o bien en el ordenador. Así, iban dejando que pasaran las horas, de casi todos los jueves desde hacía casi veinte años.

Aquél jueves habían salido un poco antes de casa, tenían muchas cosas que hacer. Una de ellas, se salía de la rutina acostumbrada, era visitar a un psicólogo.  Era su  primera visita, a la psicóloga de parejas. Y en la lista de cosas pendientes, era el segundo punto que  tenían que hacer, ese día. A Paco, le gustaba hacer listas, listas con las cosas pendientes, listas con las cosas ya hechas y listas con lo que, en realidad, le gustaría estar haciendo,  en lugar de estar haciendo listas, o comprando en el “Alcampo” o visitando a una psicóloga.

Queda claro que la idea de ir a un psicólogo había sido de Ana, llevaba meses y meses diciéndoselo y repitiéndoselo y comentándoselo, al final… Paco, aceptó, aunque no de muy buena gana. Eso de remover historias pasadas y sobretodo sentimientos o emociones, no iban con él, para qué, se preguntaba.

Iban los dos muy callados, cada uno metido en sus pensamientos. Ana, seguramente pensando qué le diría a la psicóloga y Paco intentando acordarse qué fue, lo que no tachó de su última lista.  No pasaba nada, también era normal estar callados, muchas veces estaban así en casa y no pasaba nada. Pero, por alguna extraña razón, parecía que este silencio pesara más que otros días. Cuando quisieron darse cuenta, estaban ya en la pueta del gabinete de psicología. 

-Inés Martínez Lozano- -Aquí es!!- 

Exclamó, Ana, al tiempo que llamaba al timbre.

De pronto, se miraron un instante, como si quisieran decirse… algo, cuando en realidad, los dos sabían que no había mucho más por decir. O sí, pero mejor no hablar… Subieron al tercero, lentamente, el ascensor también parecía cansado, igual que ellos.  Seguían callados he intentando que sus ojos no se encontraran, aunque en el fondo lo deseaban.

Una hora después, salían de aquella misma puerta por la que habían entrado, un poco asustados, aunque cada uno a su manera. Y volvieron a entrar, de nuevo, en el viejo ascensor, que esta vez iba más deprisa.

Ana tenía muchas ganas de hablar, sentía que la psicóloga, tal vez por ser mujer, la había comprendido… quizás un poco. Al menos, eso era lo que deseaba creer.  Paco en cambio, estaba como ausente, como si acabaran de dejarlo en aquél ascensor, por arte de magia y se preguntaba una y otra vez, qué había pasado, qué estaba pasando, porqué me siento mal y sobre todo, porqué acepté ir a la psicóloga?
¿Qué hago aquí?  Intentaba recordar alguna de las frases que le había dicho aquella mujer, pero resultaba imposible, ni siquiera conseguía acordarse del nombre que dio al presentarse.  En realidad, lo único que quería era: llegar a casa, acostarse-despertarse y marcharse a trabajar con su taxi. Todo esto, por supuesto sin hablar, ni una sola palabra de nada.  Y menos, de emociones y sentimientos. Sentía que un nudo se le había puesto en el estómago, ¿o era en la garganta?

Ana, se dio cuenta de que no era el momento de hablar de nada y trato de volver a la normalidad de cualquier otro jueves. Pensando que ya tendría tiempo, al día siguiente de meditar sobre las palabras de la psicóloga, intentando ponerlas en orden dentro de su cabeza. El problema era cómo comentarlo con Paco y sobre todo, cuándo y en qué momento? 
Pensaba en eso, cuando se escucho a sí misma diciendo:
-Ahí, ahí esta la óptica!!-
El miércoles se le había roto un cristal, a las gafas de Paco y ya tenían previsto que él se hiciera, de paso, una revisión.

Paco se sentó en el sillón y trató de ponerse cómodo, adaptándose a él,  acercándose a la máquina donde el óptico le pedía que pusiera la frente.
Era un hombre joven, amable y aunque ya lo conocían de otras veces, a
Paco, cada vez que abría y cerraba los ojos, se le aparecía la psicóloga y empezó, a ponerse nervioso.

Miraba las letras e intentaba repetirlas, procurando fallar lo mínimo posible.


El óptico le iba cambiando los cristales, con una rapidez que a Paco le pareció excesiva. ¿Porqué no iba más despacio? Se preguntaba, mientras  deletreaba, letra por letra, de forma salteada o en línea según le pidiera y joven doctor.  De pronto, Paco, no entendía nada, las letras típicas, las que siempre había visto cuando visitaba la óptica, se convirtieron, en palabras… palabras que le habían estado rondando por la cabeza desde la hora de terapia y que parecía que habían traspasado su mente y ahora estaban en aquella pizarra iluminada: AMOR, SENTIMIENTO, COMPRENSIÓN, ATENCIÓN,  COMUNICACIÓN, DIÁLOGO, SOLEDAD, EMOCIÓN…



Pensaba que iba a desmayarse, todo le daba vueltas, incluso se preguntó si no estaría soñando, cuando el doctor puso el último cristal y Paco empezó a ver con claridad.
El doctor ya daba por terminada la prueba, cuando Paco se atrevió a decirle, un poco titubeante:
-Doctor, doctor, vera… es que la última línea no la veo, ni siquiera con los cristales que me acaba de poner!!
-La última línea, la última línea?-
-La última línea, no puede verse amigo, la última línea solo puede sentirse…-

Le dijo el doctor, dándole una palmadita en la espalda.

Madrid, 20 de Junio de 2013
FiloQ