
Todo es muy extraño. El mundo es extraño y pasamos por él sin llegar a conocer, de verdad qué somos y porqué estamos aquí.
El tiempo, siempre es corto y nunca suficiente. Pero nuestros pensamientos se dispersan en banalidades. Todo es demasiado y de las veinticuatro horas que tenemos cada día, para vivir… nos quedan realmente pocos minutos para nosotros mismos o incluso para disfrutarlos de verdad con las personas que nos importan.
Demasiadas cosas para hacer y poco tiempo para hacerlas, demasiada información que no tenemos tiempo de digerir. Incluso el futuro nos puede pareces demasiado lejano, pero llega antes de que nos demos cuenta.
¿Qué hacer con tanta información? ¿Qué hacer con tantas cosas … que hacer? ¿Qué hacer con tantos libros por leer? ¿Qué hacer con tantos amigos… por ver? ¿Qué hacer con tantos papeles para mirar, cual sirve y merece la pena guardar y cual no? ¿Qué hacer con tantos email acumulados en el ordenador? Y, con esa comida que teníamos que hacer para vernos un rato… y nunca llega. Porque no tenemos tiempo.
¿Será el problema que no sabemos organizar nuestro tiempo? Yo creo que va a ser… que… son demasiadas cosas para el poco tiempo que tenemos en realidad. Y tanto nos agobiamos que al final somos incapaces de separar el grano de la paja.
Y se nos pasa todo, la vida en definitiva… pensando… cuando sea mayor… haré… cuando tenga tiempo. Uno es mayor cuando se da cuenta de que puede hacer todo lo que quiera. El límite lo ponemos nosotros y la meta también. El tiempo está ahí en el aquí y ahora es esa la única realidad.
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