Este escrito no es mío, es de mi amigo Xavier Jiménez, lo pongo por lo profundo y frágil que es… (el escrito).
Alguien y Nadie
Yo soy ( Brahman) el alimento que consume, al consumidor
del alimento.
Upanishad Taittiriya (Texto espiritual hindú)
Nadie
observaba los pies que se alejaban de la tierra ocre del jardín. Llegado al
punto más alto, intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba
suspendido en el aire. Luego, alargaba su descenso encogiendo las piernas hasta
el último momento del encuentro con el suelo.
Todo el universo
cambiaba de perspectiva en cada salto. Un universo del que él mismo, formaba parte por igual: Su piel
rosada era como las pequeñas nubes. Su aliento como el aire que movía las hojas
y la misma naturaleza de los árboles sustentaba su cuerpo.
Solía saltar desde
lugares diferentes: pequeños árboles y muros, escaleras, bancos o cualquier
otro lugar donde pudiera encaramarse.
Pero una tarde,
aparentemente como las otras, una mujer se le acercó y le dijo:
__ ¡Que hermosos
saltos! Parece como si pudieras imitar a los pájaros. Ningún otro joven que yo
haya visto, podría saltar tan alto, ni mantenerse tanto tiempo suspendido.__
Sopló un extraño
viento. Por un momento, la luz del sol se oscureció.
Alguien, había
nacido, y con un ligero temblor, todo su entorno percibió, la fina y profunda
separación.
Los primeros años se mantuvo vivo con cierta facilidad. Con el triunfo, le fue
fácil. Pero su voracidad fue aumentando.
Para seguir siendo, necesitaba, cada vez
más, ser el mejor.
Sin embargo, aquello
que le había distinguido de los demás,
fue perdiendo valor y sustituido por la derrota y el fracaso.
La tristeza fue
cubriéndole el corazón y un vacío
antiguo lo envolvió.
Intentó llenarse de
otras cosas que parecen que llenan, pero cualquier placer de los sentidos,
siempre le daba más sed.
Ni tan solo, el
poder sobre los otros, un fuego que nada
deja sin consumir, pudo suplir la falta.
Probó con una causa.
Pero como medio para llenarse, se transformó en una atadura de hierro que
el tiempo, como siempre, acabó
corroyendo.
Alguien, desesperado
por no encontrar nada con que sostenerse, con que sobrevivir, opto por buscar
dentro el alimento.
Pero éste, finalmente… lo consumió.
Nadie, observaba de
nuevo, los pies que se alejaban de la ocre tierra del jardín. Llegado al punto
más alto intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba suspendido en el
aire. Luego, descendía encogiendo las piernas hasta el último momento del
encuentro con el suelo.
Xavier Jiménez/Barcelona


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