miércoles, 26 de febrero de 2014

Alguién y Nadie… de Xavier Jiménez

Este escrito no es mío, es de mi amigo Xavier Jiménez, lo pongo por lo profundo y frágil que es… (el escrito).


Alguien y Nadie

Yo soy ( Brahman) el alimento que consume, al consumidor del alimento.
Upanishad Taittiriya (Texto espiritual hindú)

Nadie observaba los pies que se alejaban de la tierra ocre del jardín. Llegado al punto más alto, intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba suspendido en el aire. Luego, alargaba su descenso encogiendo las piernas hasta el último momento del encuentro con el suelo.
Todo el universo cambiaba de perspectiva en cada salto. Un universo del que  él mismo, formaba parte por igual: Su piel rosada era como las pequeñas nubes. Su aliento como el aire que movía las hojas y la misma naturaleza de los árboles sustentaba su cuerpo.

Solía saltar desde lugares diferentes: pequeños árboles y muros, escaleras, bancos o cualquier otro lugar donde pudiera encaramarse.
Pero una tarde, aparentemente como las otras, una mujer se le acercó y le dijo:

__ ¡Que hermosos saltos! Parece como si pudieras imitar a los pájaros. Ningún otro joven que yo haya visto, podría saltar tan alto, ni  mantenerse tanto tiempo suspendido.__

Sopló un extraño viento. Por un momento, la luz del sol se oscureció.
Alguien, había nacido, y con un ligero temblor, todo su entorno percibió, la fina y profunda separación.

Los primeros  años se mantuvo vivo  con cierta facilidad. Con el triunfo, le fue fácil.  Pero su voracidad fue aumentando. Para seguir siendo, necesitaba,  cada vez más, ser el mejor.
Sin embargo, aquello que le había distinguido  de los demás, fue perdiendo valor y sustituido por la derrota y el fracaso.

La tristeza fue cubriéndole el  corazón y un vacío antiguo lo envolvió.
Intentó llenarse de otras cosas que parecen que llenan, pero cualquier placer de los sentidos, siempre le daba más sed.

Ni tan solo, el poder sobre los otros, un fuego que  nada deja sin consumir, pudo suplir la falta.
Probó con una causa. Pero como medio para llenarse, se transformó en una atadura de hierro que el  tiempo, como siempre, acabó corroyendo.

Alguien, desesperado por no encontrar nada con que sostenerse, con que sobrevivir, opto por buscar dentro el alimento.

Pero   éste, finalmente… lo consumió.

Nadie, observaba de nuevo, los pies que se alejaban de la ocre tierra del jardín. Llegado al punto más alto intentaba atrapar el fugaz instante en que se quedaba suspendido en el aire. Luego, descendía encogiendo las piernas hasta el último momento del encuentro con el suelo.

Xavier Jiménez/Barcelona




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