Aquél día se separó un poco más de mí, se quedó rezagada. Por eso no me di cuenta del momento en el que se cayó y quedó, literalmente, tendida en el suelo. Sinceramente, para que mentir, no me di cuenta de que ya no me seguía… Seguí caminando, llegué a mi casa, solté todos los trastos que llevaba encima y me fui directamente al lavabo. Una ducha, casi fría, era lo que más necesitaba en ese momento. Lo demás fue rápido, asalté la nevera y ¡me dejé caer en el sofá!
Amanecí entumecido, con una pierna encima de los cojines y la otra, como si no perteneciera a mi cuerpo, colgando y medio arrastrada por el suelo. Me dolía todo… Realicé la operación a la inversa, primero la nevera y después la ducha. Salí de mi casa con el tiempo justo, prácticamente como cada mañana. Extrañamente al salir y cerrar la puerta de un golpe seco, me dio la sensación de que me dejaba algo, de que me olvidaba algo y no conseguía recordar qué. Me toqué instintivamente el móvil y las llaves para asegurarme de que lo llevaba todo y cogí el ascensor. La luz estaba fundida. Tuve que entrar casi en penumbra, me extraño que funcionara pero ya estaba dentro, así que le día a la planta baja.
Estuve a punto de coger un taxi, pero alguien más rápido y despierto que yo, en aquél momento se me adelantó, tuve que hacer el camino andando. Deshacer, en definitiva, el camino que había hecho la noche anterior. No habían pasado más de dos calles cuando me pareció ver en el suelo una extraña mancha blanca, era realmente muy, muy blanca y me llamó la atención, precisamente por la forma que tenía. Me recordó a las marcas que hacen los policías cuando bordean con una tiza un cadáver en el suelo. La marca era igual pero curiosamente toda blanca, como si además de bordear el cadáver se hubieran dedicado a rellenarla pintándola de blanco. Había varias personas mirando, curiosos como yo que seguramente no tenían prisa. Quise marcharme, pero una extraña fuerza me detenía allí, mirando fijamente aquella extraña figura, parecía un hombre tendido boca a bajo con las manos extendidas hacia el frente, como si quisieran alcanzar algo. De pronto sonó el móvil y por el tono, supe que era mi jefe, definitivamente iba a llegar tarde… Pensé que debía parecer un estúpido, allí mirando una mancha en el suelo, tan estúpido como los pocos que hacían lo mismo que yo y además murmuraban entre ellos. Alguien detrás de mí se atrevió a decir: está clarísimo, es una sombra, es la sombra de un hombre y además por el tono del blanco, me temo que ya nada se puede hacer por él. ¡Está muerta! Un escalofrío me recorrió la espalda de pronto, las piernas empezaron a temblarme y la vista se me nubló, mi respiración se hizo cada vez mas entrecortada, me faltaba el aire… de pronto recordé… qué era lo que me faltaba…
FQ

No hay comentarios:
Publicar un comentario