viernes, 21 de junio de 2013




Un jueves distinto…


Paco y Ana había salido aquél jueves, como tantos otros en los que él tenía fiesta.
Normalmente se dedicaban a compra y pasear por la mañana, por la tarde se quedaban en casa, mirando la tele, o bien en el ordenador. Así, iban dejando que pasaran las horas, de casi todos los jueves desde hacía casi veinte años.

Aquél jueves habían salido un poco antes de casa, tenían muchas cosas que hacer. Una de ellas, se salía de la rutina acostumbrada, era visitar a un psicólogo.  Era su  primera visita, a la psicóloga de parejas. Y en la lista de cosas pendientes, era el segundo punto que  tenían que hacer, ese día. A Paco, le gustaba hacer listas, listas con las cosas pendientes, listas con las cosas ya hechas y listas con lo que, en realidad, le gustaría estar haciendo,  en lugar de estar haciendo listas, o comprando en el “Alcampo” o visitando a una psicóloga.

Queda claro que la idea de ir a un psicólogo había sido de Ana, llevaba meses y meses diciéndoselo y repitiéndoselo y comentándoselo, al final… Paco, aceptó, aunque no de muy buena gana. Eso de remover historias pasadas y sobretodo sentimientos o emociones, no iban con él, para qué, se preguntaba.

Iban los dos muy callados, cada uno metido en sus pensamientos. Ana, seguramente pensando qué le diría a la psicóloga y Paco intentando acordarse qué fue, lo que no tachó de su última lista.  No pasaba nada, también era normal estar callados, muchas veces estaban así en casa y no pasaba nada. Pero, por alguna extraña razón, parecía que este silencio pesara más que otros días. Cuando quisieron darse cuenta, estaban ya en la pueta del gabinete de psicología. 

-Inés Martínez Lozano- -Aquí es!!- 

Exclamó, Ana, al tiempo que llamaba al timbre.

De pronto, se miraron un instante, como si quisieran decirse… algo, cuando en realidad, los dos sabían que no había mucho más por decir. O sí, pero mejor no hablar… Subieron al tercero, lentamente, el ascensor también parecía cansado, igual que ellos.  Seguían callados he intentando que sus ojos no se encontraran, aunque en el fondo lo deseaban.

Una hora después, salían de aquella misma puerta por la que habían entrado, un poco asustados, aunque cada uno a su manera. Y volvieron a entrar, de nuevo, en el viejo ascensor, que esta vez iba más deprisa.

Ana tenía muchas ganas de hablar, sentía que la psicóloga, tal vez por ser mujer, la había comprendido… quizás un poco. Al menos, eso era lo que deseaba creer.  Paco en cambio, estaba como ausente, como si acabaran de dejarlo en aquél ascensor, por arte de magia y se preguntaba una y otra vez, qué había pasado, qué estaba pasando, porqué me siento mal y sobre todo, porqué acepté ir a la psicóloga?
¿Qué hago aquí?  Intentaba recordar alguna de las frases que le había dicho aquella mujer, pero resultaba imposible, ni siquiera conseguía acordarse del nombre que dio al presentarse.  En realidad, lo único que quería era: llegar a casa, acostarse-despertarse y marcharse a trabajar con su taxi. Todo esto, por supuesto sin hablar, ni una sola palabra de nada.  Y menos, de emociones y sentimientos. Sentía que un nudo se le había puesto en el estómago, ¿o era en la garganta?

Ana, se dio cuenta de que no era el momento de hablar de nada y trato de volver a la normalidad de cualquier otro jueves. Pensando que ya tendría tiempo, al día siguiente de meditar sobre las palabras de la psicóloga, intentando ponerlas en orden dentro de su cabeza. El problema era cómo comentarlo con Paco y sobre todo, cuándo y en qué momento? 
Pensaba en eso, cuando se escucho a sí misma diciendo:
-Ahí, ahí esta la óptica!!-
El miércoles se le había roto un cristal, a las gafas de Paco y ya tenían previsto que él se hiciera, de paso, una revisión.

Paco se sentó en el sillón y trató de ponerse cómodo, adaptándose a él,  acercándose a la máquina donde el óptico le pedía que pusiera la frente.
Era un hombre joven, amable y aunque ya lo conocían de otras veces, a
Paco, cada vez que abría y cerraba los ojos, se le aparecía la psicóloga y empezó, a ponerse nervioso.

Miraba las letras e intentaba repetirlas, procurando fallar lo mínimo posible.


El óptico le iba cambiando los cristales, con una rapidez que a Paco le pareció excesiva. ¿Porqué no iba más despacio? Se preguntaba, mientras  deletreaba, letra por letra, de forma salteada o en línea según le pidiera y joven doctor.  De pronto, Paco, no entendía nada, las letras típicas, las que siempre había visto cuando visitaba la óptica, se convirtieron, en palabras… palabras que le habían estado rondando por la cabeza desde la hora de terapia y que parecía que habían traspasado su mente y ahora estaban en aquella pizarra iluminada: AMOR, SENTIMIENTO, COMPRENSIÓN, ATENCIÓN,  COMUNICACIÓN, DIÁLOGO, SOLEDAD, EMOCIÓN…



Pensaba que iba a desmayarse, todo le daba vueltas, incluso se preguntó si no estaría soñando, cuando el doctor puso el último cristal y Paco empezó a ver con claridad.
El doctor ya daba por terminada la prueba, cuando Paco se atrevió a decirle, un poco titubeante:
-Doctor, doctor, vera… es que la última línea no la veo, ni siquiera con los cristales que me acaba de poner!!
-La última línea, la última línea?-
-La última línea, no puede verse amigo, la última línea solo puede sentirse…-

Le dijo el doctor, dándole una palmadita en la espalda.

Madrid, 20 de Junio de 2013
FiloQ



jueves, 23 de febrero de 2012

GAFAS AMOROSAS



Entró en la tienda con cara de despistado, mirando hacia uno y otro lado sin detenerse en ningún punto, parecía que buscaba algo. La dependienta se le acercó y con una sonrisa de anuncio le preguntó qué quería. Mire señorita, dijo titubeante, en realidad no sé muy bien lo que busco, pero realmente sé que es algo que necesito. He pensado que, tal vez aquí lo encontraría.

Estoy cada día, estoy mas convencido de que la vida es una "Ilusión" y muchas veces una ilusión abstracta, extraña, inquietante y sobre todo incierta. Es como si todo ocurriera y al mismo tiempo, no ocurriera, porque simplemente ocurre algo y al segundo ya forma parte del pasado, ya estás entonces en otro "momento" y buscas "quedarte" en ese momento que acabas de vivir y ya no esta… Intentas recuperarlo en tu pensamiento, acudes a tu memoria y a pesar de que para entonces, solo ha pasado medio minuto, ya es tarde. Se ha ido. Cuando lo que acabas de vivir no te gusta darías, precisamente la vida por no revivirlo. Y así siempre… Se quedó callado mirando fijamente a la dependienta, que con los ojos abiertos de par en par no conseguía articular palabra.
El continúo hablando como para si mismo, pero sin dejar de mirarla a los ojos. Es tan importante sentir, y digo sentir porque la vida sobre todo la sentimos, aunque nos olvidemos de ello, metidos en el ajetreo absurdo de lo que queremos conseguir y a veces en esa lucha, material o no... Nos olvidamos de que durante el trayecto hemos dejado de "sentir", precisamente. Y claro, tal vez consguimos el propósito, pero... perdimos el verdadero valor de la vida por el camino. Eso incluso sin saber dónde nos lleva el camino... nos olvidamos de dar y recibir amor, que es lo que todos buscamos, aunque no queramos reconocerlo. Amor, atención, reconocimiento que "alguien", además de nosotros mismos sea capaz de "vernos", no sólo de mirarnos… y además se moleste en decírnoslo. Cómo éstas, qué bien te veo, espero que te mejores, te quiero, aunque lo sepas y lo sepan qué importante es no dejar de decirlo, no dejar de escucharlo y sobre todo sentirlo.
Nos olvidamos con demasiada facilidad y nos perdemos dentro de nosotros mismos, o fuera, si dentro no encontramos nada. Podemos acabar diciéndole "te quiero" "hola cariño" "pero qué guapo estás" “toma corazón” a cualquiera que se nos acerque, en el fondo... esperando que el boomeran vuelva a nosotros. Y nos olvidamos de que al lado tenemos muchas veces alguien que nos quiere incondicionalmente, pero como es un "amor", "valor", seguro... ni nos damos cuenta.
A quién corresponda... que se lo aprenda...!! Esto lo dijo cabreado, a lo que la dependienta reaccionó inclinándose hacia atrás, pero sin conseguir cerrar la boca. Las "personas humanas" somos "asin". Y nos moriremos así porque buscamos lo que no está, ni en el de al lado ni el que sólo es un conocido... buscamos el amor incondicional , que sólo nosotros nos podemos darnos.

Pero… se atrevió a balbucear ella, pero… es importante el amor de los que nos aman de verdad y además lo sabemos, porque nos lo han demostrado muchas veces y… y también el amor de los que forman parte de nuestro entorno, es como un amor de acompañamiento, no le parece. Terminó la dependienta, recomponiendose y asombrada de sí misma, por su locuaz explicación. Se quedaron mirándose un segundo y él respondió: Y el amor incondicional, ese que deberíamos darnos a nosotros mismos?. Qué pasa con el…?
Ese, amigo mío le dijo ella muy segura, ese, es otro cantar… Pero espere, espere, tengo aquí unas gafas de cerca que creo que le irán de maravilla. Por si algún día se siente solo sólo tiene que ponérselas y “vera” que muy cerquita de usted hay “personas humanas” que le quieren de verdad.
Se las dio y él se las puso mientras esbozaba una sonrisa y pensaba, sabía que aquí encontraría algo…
Por favor, señorita, dígame qué le debo: Nada señor. Ahora los dos sonreían, son un obsequio de la casa, no olvide ponérselas un ratito cada día.
Estando ya en la calle se fijo en el texto que había grabado en la funda:
GAFAS AMOROSAS.

martes, 13 de septiembre de 2011

Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. Hay que leerlo mientras se oye de fondo la canción de Camilo Sexto: Algo de mí...



Perdóname, perdóname, ya se que te dije que no te escribiría más. Esta será mi última carta. Perdóname, una vez más, no puedo evitar volver a escribirte, entiende que tenga tantas cosas que contarte. Solo tengo que cerrar los ojos y volver a imaginar una vez más... que me lees...

¿Cúanto tiempo hace ya? Años, pero a mí me parece que fue ayer. Anoche cuando nos despediamos mirándonos a los ojos y diciéndonos, sin hablar todo lo que sentíamos. Siempre imaginé que estabas bien, lo imaginé o lo quise creer así. También me imaginaba que tu sabías como estaba yo y, que incluso te alegrabas al saber de mí. Recuerdas al principio de nuestra relación, que lo dejábamos, con lágrimas y todo y al día siguiente estábamos otra vez juntos.

Vivo en Madrid desde hace diez años, fíjate al final acabé donde menos creía que terminaría. Pero qué bonito es Madrid y cómo me recuerda a ti, cuando paseo por sus calles, todo, absolutamente todo me recuerda a ti. Los cafés, los museos, el Corte Inglés, la estación desde la que te recibía y te despedía también, nuestra casa, todo forma parte de ti y de mí.

¿Qué quieres saber? Después de tanto tiempo... Si. Soy feliz, estoy bien. Todo lo bien que se puede estar sin tener al lado a la persona que amas. De alguna forma te lo he dicho, tu eres como mi ángel confesor y no puedo evitar contarte todo lo que me pasa. Ya sabes que la felicidad, como todo lo demás es efímera y podemos ser más o menos felices y poco más. La ilusión se la crea uno mismo. Nos creamos espectativas hacia los demás y esperamos, nos imaginamos lo que queremos que nos pase y esperamos, con los sueños, esperamos. El final generalmente es menos estrepitoso y generoso de lo que nos hemos imaginado. Después de esperar cualquier cosa nos parece buena. Y después vuelta a empezar. ¿LLenarse y vaciarse, recuerdas? Siempre es lo mismo, cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, estamos luchando con nuestra mente para seguir adelante y no mirar atrás. Y no te digo ya... cuando pasan los años y los sueños se van quedando en el camino. Tu que tienes hijos sabes a qué me refiero. Llega un momento en el sueñas a través de ellos y casi te conformas con ver su felicidad. Cómo vamos cambiando con el paso del tiempo y conformándonos cada vez con un poquito menos...

Pero yo me niego, me revelo y lucho cada día conmigo mismo y algunas veces con los que tengo mas cerca... para intentar ser feliz. Tu me decías siempre que cuando estamos con alguien la felicidad no depende de uno solo, que hay que saber compartirla y dosificarla. También me decías que las penas, la soledad y los fracasos también son menos dolorosos si podemos compartirlos. Cuanta razón tenías y cuantas veces me he acordado de ti pensándolo. Tú que elegiste vivir en soledad y cargar con todo lo bueno y lo malo que la vida de ofreciera.
Te fuiste y no miraste atrás. Ahí me quedaba yo y seguramente muchos mas recuerdos, que nunca quisiste llevarte contigo.
Al principio del fin. Los primeros meses y semanas después de irte, me vas a perdonar pero...
Llore tanto, sentí tanto dolor, no podía imaginar la vida sin ti. Imaginé que seguíamos juntos. Si, ya sé que debo estar loco, pero era la única forma, precisamente de conservar la cordura. Y durante días y días te llamaba sin marcar tu número y hablaba contigo, después de colgar y sin esperar a que contestaras. Te escribía sin escribirte y llenaba hojas y hojas, las llenaba de letras llenas de amor y de ternura hacia ti. Emails que guardaba en la carpeta borrador. Nunca un reproche, nunca un adiós. Siempre un hasta mañana cariño.
Durante todo aquél tiempo, no llegué a enviar ninguna carta y por supuesto, jamás llegué a hablar contigo por teléfono. A pesar de haber marcado tu número mil veces...

Mi corazón se cerró despacio, a mi angustia le costó un poco más. En mi locura, jugaba a pensar que de pronto estabas y de pronto te habías ido. Tu ropa seguía en el armario, tus zapatillas debajo de la cama y tu cepillo de dientes, junto al mío. Por momentos te imaginaba "fuera" bastante lejos y por eso no me escribías ni llamabas. No sabrás ni podrás imaginar nunca cuanto dolor llegué a sentir. Cuantas lágrimas derramé día tras día.
De pronto hablaba contigo como si estuvieras a mi lado, lo mío me costo, que no me oyeran los vecinos. Alguna vez incluso puse el plato en la mesa para ti... por si volvías.

Una mañana me dí cuenta de pronto, de que había pasado ya casi un año y que el primer pensamiento al levantarme, ya no eras tú. Eso me dolió aún más, ¿cómo podía haberte olvidado tan deprisa? Sentía que me estaba engañando a mí mismo. Al final me acostumbré, te das cuenta... Solo recordaba lo bueno de ti y de pronto empecé a buscar en mi memoria a ver... qué sacaba de malo, más que nada para justificar mi triste olvido. Pero me fue imposible, no encontré nada de nada. Y ahí me quede solo con tu imagen y tu dulzura para conmigo. !Cuantas noches me acostaba pensando que estabas a mi lado y nos dormíamos juntos¡

Lo siento, ya sé que siempre me dijiste que hay que estar cuerdo y no soñar con imposibles, pero la cuerda siempre fuiste tú. Yo, con ser el soñador ya tenía bastante. Recuerdo cuando me escribías esas largas cartas, desde la habitación de al lado. Unas veces era para decirme cuanto me querías y otras para hacerme algún que otro reproche... que si no me escuchas cuando te hablo, que si no me has mirado al irte, que si no me has preguntado cómo estoy... pequeñeces pensaba yo entonces. Pero con el tiempo me dí cuenta de lo importante que eran para ti y porqué tu necesidad de decírmelas. Siempre te leía, siempre, lo juro por lo más sagrado. Hubiera sido incapaz de borrar ningún correo tuyo sin leerlo. Cada palabra tuya, cada frase la dejaba grabada en mi memoria para siempre. Y corría a disculparme, aunque no siempre lo conseguía, ni tenía muy claro porqué debía hacerlo. Pero, tengo que reconocerlo, no podía verte triste. Tú ponías, morros... y me costaba un poco más. Al final, siempre volvías a sonreír y ahí se acababa el problema. Por aquél entonces yo andaba preocupado con nuestras finanzas, por el trabajo que no acababa de afianzarse. Tanto tengo, tango valgo me días tu... y reías y reías. Para ti la vida era algo especial que llegaba cada mañana y discurría, sólo había que recibirla y vivirla de pleno...

Gracias por enseñarme tantas y tantas cosas. Esta carta si que te la enviaré, por correo y por email y también te llamaré por teléfono al móvil y al fijo y... te juro que lo haré, sobre todo porque sé que aunque quieras ya no podrás contestarme. Solo quiero despedirme, no podía irme sin decirte adiós y sin darte las gracias por todo tu amor hacia mí. Por el que me diste estando conmigo y por el que yo me "inventé" durante tanto tiempo. !Que tanto bien me hizo en aquellos momentos¡
Te preguntarás a dónde voy. Eso no importa, yo ahora soy etéreo para ti como tú lo has sido para mí durante durante tantos años. !Qué importa dónde este físicamente! O qué importa si tú no estás físicamente a mi lado. Pero vuelvo a necesitar saber dónde estás ahora. Si ese lugar existe y vas... búscame, porque ahí estaré. Imagina que he muerto también en el mundo de los sueños.

Ahora, que se dónde estas e incluso puedo ir a verte y llevarte flores... rosas amarillas que son las que te gustan. Ahora si que puedo escribirte y llevarte las cartas, porque de alguna forma al irte has vuelto a mí para siempre.
Te quiero.


miércoles, 13 de julio de 2011

JUEGOS DE AZAHAR


Como un castillo de naipes, nos mantenemos y al sonido de cualquier viento podemos caer en la desgracia, o tal vez en la felicidad. Todo es fugaz, leve, impredecible. Tan solo los momentos que creemos como buenos, los mantenemos en la memoria. Los alimentamos día a día para que no
desaparezcan, para que no se difuminen. Y llegamos a vivir de ellos, entrando en un círculo
vicioso de mentira. Simplemente nos engañamos a nosotros mismos. Vivir de un recuerdo, no es vivir, igual que re-vivir un recuerdo aunque este sea doloroso, tampoco es vivir.
Vivir, es simplemente vivir cada instante como si éste fuera el último de nuestra vida y al instante siguiente lo mismo... Cada momento que perdemos recordando... cuando éramos felices ó cuando estábamos tristes, es un momento perdido.
Son momentos que se van a la montaña de los recuerdos, algunos los llevamos en un saco, a la espalda y así nos va... Otros guardamos la montaña de momentos en cualquier armario de nuestra casa y después tiramos la llave al mar. El armario se convierte de pronto en parte importante de nuestra vida, hasta el punto de que,cuando tienes que cambiarte de piso, simplemente no lo haces, porque jamás permitirías que nadie tocara tu armario de recuerdos.
Total, todo esto sólo porque necesitamos tener la mente ocupada. Si lo que nos rodea no nos ilusiona, o nos entristece demasiado buscamos entre nuestros recuerdos... a ver si por casualidad, hubo un tiempo en el que fuimos más felices.
Pero nos olvidamos de que tanto los recuerdos, buenos o malos, son solo una fabulación de nuestra mente, una trampa que nos prepara, para tenernos entretenidos de nuestros pensamientos. Y nuestros pensamientos... nuestros pensamientos van por libre, son una lotería y lo verdaderamente difícil es que nos toque el gordo de la felicidad -complacencia-, o los dos últimos -números- de la satisfacción. Generalmente tenemos que conformarnos con la pedrea de la conformidad.

lunes, 11 de julio de 2011

No todo lo que ves... és!!


Era un hombre pequeñito que tiraba de un gran carro. Dentro del carro había más hombres, tan pequeñitos como él, eran más de cien. El hombre pequeñito, tiraba del carro sin mirar hacia atrás. Su único empeño era ir hacia la playa, pensaba que llevándolo allí, podría salvarlos a todos.
Iba pasando por calles y plazas desiertas. Solo escuchaba sus propios pensamientos, aunque de vez en cuando, de entre las sombras algún hombre pequeñito se subía al carro. Lo hacía sigilosamente, muy deprisa, tan deprisa que el hombre pequeñito ni lo notaba.
Tal era su empeño que no se daba cuenta de que el carro pesaba cada vez más. Y no comprendía porque, cuando él sólo tiraba y tiraba con todas sus fuerzas.
Pasaron horas que luego fueron días y el hombre pequeñito se olvidó incluso de comer ni siquiera se molestaba en pararse a beber agua en las fuertes que encontraba a su paso. Tampoco pensó en los hombres que llevaba a su espalda. Su único deseo era salvarlos...
Su vista y su mente estaban en la playa. Si consigo llegar… podré salvarlos a todos, se repetía una y otra vez. Tal era su obsesión que no se dio cuenta de que ya casi no avanzaba. Llevaba horas atascado, solo se había movido unos metros.
El carro estaba totalmente lleno. Los hombres se salían por los bordes, los había incluso atravesados en los laterales. Eran ya cientos, hombres pequeñitos de todas las razas que se iba encontrando a su paso.
El hombre pequeñito iba a cumplir los cien años y ni un solo día dejo de arrastrar su pesado carro. Había envejecido, sin darse ni cuenta. Los hombres que arrastraba eran ya esqueletos y polvo. Pero él no fue capáz de darse cuenta. ¡Por fín llegó a la playa!
Estaba amaneciendo. El sol le cegó. No tuvo tiempo de darse cuenta de que estaba al borde de un precipicio. Cayó lentamente, arrastrando su carro con él. Su cuerpo, quedó sepultado por los esqueletos. Perdió el conocimiento y murió.
Durante una fracción de segundo, el hombre pequeñito se sintió grande. Creyó que había salvado a toda la humanidad.

miércoles, 6 de julio de 2011

SER POLITICAMENTE CORRECTOS...


La primera vez que escuche la frase "POLITICAMENTE CORRECTO", me llamó mucho la atención. Debe ser porque soy simple y relacioné directamente "la política" con "lo correcto" aunque mirase por dónde mirase no me cuadraba, para nada. Comentándolo, entendí que se refería a lo aceptado, en general o no, o a lo que se entiende que es correcto. Pero mi pregunta es: ¿Y quién decide, qué es políticamente correcto? o simplemente correcto. ¿Quién ha instruido al que toma la decisión de catalogar qué está bien y qué está mal? Me refiero en general... porque si puntualizamos no se salva nadie y menos la política.

Será por la edad... casi seguro, pero últimamente hay cosas que me agotan, pero me agotan de tal forma que llegan a INDIGNARME. El caso es que algunas son cosas tan simples, tan simples que mas que INDIGNARME me exasperan, bueno, realmente me ponen de mala leche... para que engañarnos o ser... políticamente correctos.

Un ejemplo, real como la vida misma: Una señorita Asistenta Social rellena un formulario con la intención de empezar a aplicar, después de más de dos años de espera, la LEY DE DEPENDENCIA. Se supone, (siempre según yo), que lo de la Ley de Dependencia es algo que SE NECESITA, Y URGENTE, pero... si es URGENTE, ¿cómo pueden tardar tanto? El caso es que rellenando el formulario se le acaba de pronto el bolígrafo BIC, para ser exactos. La pobre chica pone cara de susto y busca desesperadamente "su" otro boli, llevaba varios. Los que la mirábamos no podíamos entender su angustia, la verdad. El caso es que le ofrecimos otro bolígrafo, también azul para que pudiera terminar el informe y... suspirando confesó: - Lo siento, se me ha terminado un bolígrafo y no llevo otro que escriba con la misma tinta y el mismo tono, tendré que continuar con otro. Yo... no veía el problema. Entonces ella, muy seria confesó: - Es que si el formulario está escrito con dos bolígrafos diferentes, aunque sean del mismo color, puede ser motivo para que lo devuelvan y... TENGAMOS QUE VOLVER A EMPEZAR DE NUEVO...
¿Hace falta que diga la cara que se me quedó? En aquél momento, comprendí lo que es políticamente correcto. NO ES POLITICAMENTE CORRECTO NO LLEVAR DOS BOLIS BICS DEL MISMO COLOR CUANDO TIENES QUE RELLENAR UN INFORME PARA LA GENERALITAT O EL AYUNTAMIENTO. Y NO LLEVARLO PUEDE SUPONER QUE UNA O VARIAS PERSONAS QUE NECESITAN UNA AYUDA "SERIA" Y ABSOTUTAMENTE NECESARIA, TAL VEZ SE QUEDARAN ESPERANDO... ALGUNOS MESES MÁS, SOLO PORQUE ALGUIEN NO FUE POLITICAMENTE CORRECTO.
Particularmente, al que tuvo la idea de que sólo se pueden hacer los formulario con un boli... no se, tal vez, lo mandaría a su casa... o de nuevo a la universidad a que repita la carrera que al igual... se perdío la clase de LOGICA Y RAZONAMIENTO, pero a la que seguro se perdió fue la de HUMANIDADES. Porque a la pobre asistenta y a los espectadores… solo nos queda observar y acatar…